
Declaración de fe
Confesamos que la fe cristiana verdadera ha sido revelada por Dios en las Sagradas Escrituras, y que la Iglesia está llamada a guardar “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3) con fidelidad, claridad y amor. Por ello, afirmamos la Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689 como una exposición histórica y subordinada de la doctrina bíblica (no superior a las Escrituras mismas), útil para la unidad, la enseñanza y la preservación de la verdad (Tito 1:9; 2 Tim. 1:13–14).
Nuestra fe, vida, adoración y misión existen para la gloria de Dios solamente (Rom. 11:36; 1 Cor. 10:31).
1. Las Sagradas Escrituras
Sola Scriptura
Creemos que la Santa Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) es la Palabra de Dios inspirada; por tanto es verdadera, plenamente autoritativa, suficiente y el estándar final para todo asunto de fe y práctica. Rechazamos que la conciencia, la tradición, el pragmatismo o cualquier autoridad humana puedan colocarse por encima de la Escritura; toda doctrina, forma de adoración, gobierno eclesiástico y vida cristiana deben ser reguladas por ella.
Escrituras: 2 Tim. 3:16–17; 2 Pe. 1:20–21; Sal. 19:7–11; Hech. 17:11; Isa. 8:20.
1689: cap. 1.1, 1.6, 1.10.
2. El Dios Uno y Trino
Creemos en un solo Dios vivo y verdadero, eterno, infinito en su ser y perfecciones, santo, sabio, justo, bueno y soberano; Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios. Dios es Creador, Sustentador y Gobernador de todas las cosas, y obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad.
Escrituras: Deut. 6:4; Mat. 28:19; 2 Cor. 13:14; Isa. 46:9–10; Apoc. 4:11.
1689: cap. 2.1–3; cap. 4.1; cap. 5.1.
3. El Decreto Eterno y la Providencia de Dios
Creemos que Dios decretó desde la eternidad, libre y sabiamente, todo cuanto acontece, sin ser autor del pecado ni violentar la responsabilidad de las criaturas. Por su providencia, sostiene, gobierna y dirige todas las cosas para su gloria y para el bien final de su pueblo.
Escrituras: Ef. 1:11; Rom. 8:28; Prov. 16:33; Dan. 4:34–35; Sant. 1:13.
1689: cap. 3.1; cap. 5.1–4.
4. La Creación y el Hombre
Creemos que Dios creó todas las cosas de la nada por su palabra poderosa. El hombre fue creado a imagen de Dios, con dignidad y responsabilidad moral, originalmente en justicia, santidad y rectitud.
Escrituras: Gén. 1:1, 26–28; Sal. 33:6–9; Col. 1:16–17.
1689: cap. 4.1–2.
5. La Caída, el Pecado y la Condición Humana
Creemos que por la caída de Adán, el pecado entró en el mundo y todos los hombres quedaron culpables, corrompidos y espiritualmente muertos; por naturaleza son incapaces de volverse a Dios por sus propias fuerzas. Toda la humanidad necesita la gracia soberana de Dios para salvación.
Escrituras: Gén. 3; Rom. 5:12–19; Sal. 51:5; Ef. 2:1–3; Rom. 3:10–18.
1689: cap. 6.1–5; cap. 9.3.
6. Jesucristo, el Mediador
Solus Christus
Creemos que Jesucristo es el Hijo eterno de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Vivió sin pecado, obedeció perfectamente la ley de Dios, y es el único Mediador entre Dios y los hombres. Su persona y obra son el centro de la historia redentora y el fundamento exclusivo de nuestra salvación.
Escrituras: Juan 1:1–14; Fil. 2:6–11; Heb. 1:1–4; 1 Tim. 2:5; Gál. 4:4–5.
1689: cap. 8.1–3.
7. La Expiación, Resurrección, Ascensión e Intercesión de Cristo
Creemos que Cristo murió voluntariamente y de manera sustitutiva, ofreciendo un sacrificio perfecto que satisface la justicia de Dios y asegura la redención efectiva de su pueblo. Resucitó corporalmente al tercer día, ascendió al cielo, reina a la diestra del Padre e intercede continuamente por los suyos.
Escrituras: Isa. 53; Rom. 3:24–26; 2 Cor. 5:21; 1 Pe. 2:24; 1 Cor. 15:3–8, 20–23; Heb. 7:25; Heb. 9:12.
1689: cap. 8.4–8.
8. La Salvación por Gracia
Sola Gratia – Sola Fide
Creemos que la salvación es por gracia soberana: Dios llama eficazmente a pecadores por su Espíritu, les concede arrepentimiento y fe, los justifica, adopta, santifica y finalmente glorifica. El pecador es justificado solamente por la fe, no por obras, recibiendo la justicia de Cristo imputada.
Escrituras: Ef. 2:8–10; Rom. 3:28; Rom. 4:4–8; Gál. 2:16; Tito 3:5–7; Rom. 8:29–30.
1689: cap. 10.1–2; cap. 11.1–3; cap. 12; cap. 14.
9. Las Doctrinas de la Gracia
Confesamos que la Biblia enseña la incapacidad espiritual del hombre caído, la elección soberana de Dios, la eficacia de la obra redentora de Cristo, el llamamiento eficaz del Espíritu Santo y la perseverancia de los santos. Estas doctrinas exaltan la gloria de Dios, sostienen la seguridad del creyente y producen humildad y adoración.
Escrituras: Juan 6:37–44; Rom. 9:10–24; Ef. 1:3–14; Hech. 13:48; Juan 10:27–29; Fil. 1:6.
1689: cap. 3.5–7; cap. 10.1–2; cap. 17.1–3.
10. Arrepentimiento, Buenas Obras y Santificación
Creemos que el arrepentimiento para vida y la fe salvadora son dones de Dios, inseparables de la conversión verdadera. Las buenas obras son fruto necesario de la fe viva, preparadas por Dios para que andemos en ellas; la santificación es la obra continua del Espíritu que conforma al creyente a Cristo.
Escrituras: Hech. 11:18; 2 Tim. 2:25; Sant. 2:17–18; Ef. 2:10; 1 Tes. 4:3; Gál. 5:16–25.
1689: cap. 15; cap. 16; cap. 13.
11. La Ley de Dios y el Evangelio
Creemos que la ley de Dios expresa su carácter santo, revela el pecado y sirve como regla de vida para el creyente, sin ser jamás base de justificación. Creemos en una relación correcta entre ley y evangelio: el evangelio anuncia la salvación consumada en Cristo, que produce obediencia agradecida y verdadera piedad.
Escrituras: Rom. 3:20; Rom. 7:12; Gál. 3:24; Rom. 6:14; Sal. 119.
1689: cap. 19.1–7; cap. 20.1 (evangelio y gracia).
12. La Iglesia
Creemos que la Iglesia universal está compuesta por todos los redimidos, unidos a Cristo. Esta Iglesia se expresa visiblemente en iglesias locales, llamadas a perseverar en la doctrina apostólica, la comunión, la oración, la adoración y la misión. La Iglesia existe para la gloria de Dios, la proclamación fiel del evangelio y la edificación de los santos.
Escrituras: Mat. 16:18; Hech. 2:41–47; Ef. 4:11–16; 1 Tim. 3:15.
1689: cap. 26.1–2, 26.4–5.
13. La Membresía de la Iglesia
Creemos que la membresía en la iglesia local es un compromiso bíblico y responsable de pertenencia visible al cuerpo de Cristo. La iglesia reconoce como miembros a quienes profesan creíblemente la fe en Cristo, han recibido el bautismo conforme a las Escrituras y se someten voluntariamente al cuidado pastoral, a la disciplina bíblica y a la vida de comunión y servicio.
Escrituras: Hech. 2:41–42; Rom. 12:4–5; 1 Cor. 12:12–27; Heb. 10:24–25; Heb. 13:17.
1689: cap. 26.5–6, 26.12–15 (comunión, responsabilidad y disciplina).
14. El Gobierno de la Iglesia
Creemos que Jesucristo es el único Señor y Cabeza de la Iglesia. Él gobierna su iglesia por su Palabra y Espíritu, mediante oficiales establecidos por Cristo. Afirmamos una pluralidad de ancianos/pastores bíblicamente calificados, llamados por Dios y reconocidos por la congregación. Los ancianos son iguales en autoridad y dignidad, aunque pueden servir con diversas funciones según los dones concedidos por Dios, siempre bajo un liderazgo colegiado, responsable, con espíritu de servicio, ejemplo y rendición de cuentas.
Reconocemos también el papel activo y responsable de la congregación en asuntos fundamentales como la recepción de miembros, el ejercicio de la disciplina, la elección de oficiales y la preservación de la pureza doctrinal, afirmando así un gobierno eclesiástico de carácter congregacional bajo el señorío de Cristo.
Escrituras: Mat. 16:18-19; Mat. 18:15-18; Hech. 14:23; Hech. 20:28; 1 Tim. 3:1–7; Tito 1:5–9; 1 Pe. 5:1–5; Heb. 13:7, 17.
1689: cap. 26.1, 7–11 (oficiales, llamados, autoridad y deberes).
15. Las Ordenanzas: Bautismo y Cena del Señor
Creemos que Cristo instituyó dos ordenanzas para su Iglesia: el bautismo y la Cena del Señor. El bautismo es para creyentes y es señal de unión con Cristo en su muerte y resurrección. La Cena del Señor es un memorial santo y una participación espiritual por la fe, para edificación, comunión y proclamación de la muerte del Señor hasta que Él venga.
Escrituras: Mat. 28:18–20; Rom. 6:3–4; Hech. 2:41; 1 Cor. 11:23–26.
1689: cap. 28.1–3; cap. 29; cap. 30.
16. La Libertad Cristiana y la Conciencia
Creemos que Cristo compró para los creyentes verdadera libertad: libertad de la culpa condenatoria del pecado, del dominio del pecado y de toda obligación humana contraria a la Palabra de Dios. Esta libertad no conduce al libertinaje, sino a una obediencia gozosa guiada por el amor, cuidando la conciencia propia y la del prójimo.
Escrituras: Gál. 5:1, 13; Rom. 14:1–19; 1 Cor. 8:9–13; 1 Pe. 2:16.
1689: cap. 21.1–3.
17. La Adoración a Dios
Principio regulador de la adoración
Creemos que Dios debe ser adorado conforme a su voluntad revelada. La adoración cristiana debe ser reverente, centrada en Dios y regulada por la Escritura, incluyendo la lectura y predicación de la Palabra, la oración, el canto congregacional y la administración de las ordenanzas, en dependencia del Espíritu Santo.
Escrituras: Juan 4:23–24; Col. 2:23; Lev. 10:1–3; Hech. 2:42.
1689: cap. 22.1–5.
18. Las Últimas Cosas
Soli Deo Gloria
Creemos que Jesucristo regresará visible y gloriosamente para juzgar a los vivos y a los muertos. Los justos resucitarán para vida eterna, y los impíos para condenación eterna. El propósito final de Dios es la manifestación plena de su gloria en la consumación del reino.
Escrituras: Hech. 17:31; Mat. 25:31–46; Juan 5:28–29; 1 Tes. 4:13–18; Apoc. 20:11–15; Apoc. 21–22.
1689: cap. 31; cap. 32.
Por todo lo anterior, confesamos nuestra fe en el Dios trino, nuestra salvación en Cristo, la autoridad suprema de la Escritura, la necesidad de la Iglesia y su orden bíblico, para que en todo Dios sea glorificado por Jesucristo (1 Pe. 4:11; Rom. 11:36).
